Editorial Todo Pocket PC: Historias para no dormir.
por
publicado el 14 de March de 2011 17:55
Número de lecturas: 3981
Miércoles, 7 de la mañana. Ha dormido prácticamente nada. La noche anterior había aguantado estoicamente hasta bien entrada la madrugada para poder comprobar si todo lo anunciado no había sido imaginación de quienes lo habían narrado. A eso de la 1 encontraba el vídeo oficial de Apple, el de la presentación del iPad 2 llevada a cabo por un Steve Jobs al que casi era necesario mirar dos veces de lo delgado que aparecía en escena. Andrés es uno de esos nuevos tecno-compulsivos conectados permanentemente a Internet que más que comprar tecnología, la coleccionan. Y como no puede ser de otra forma, entre su artillería de plástico, aluminio y silicio hay un espacio reservado para un iPad.
Tiene sentimientos contradictorios. Por un lado está emocionado pensando en el iPad 2, con todo lo anunciado. Es un sentimiento irracional, algo que solo puede explicar quien ve en las nuevas tecnologías una forma de vida. Pero por otro lado le cuesta levantarse de la cama, suma de no haber descansado lo suficiente y de haber estado pensando cómo deshacerse de su actual y desfasado, según él, iPad. Tengo de tiempo hasta este próximo 25 de marzo, pero debo venderlo ya. El precio caerá en picado y no es cuestión perder un 50% del valor de lo que me costó esta antigualla hace tan solo cinco meses.
Andrés no es de los que acuden a foros y páginas de compra-venta para dar salida a sus equipos, ya que suele venderlos a precio de saldo entre sus colegas de trabajo. Es administrativo y acude cada día de lunes a viernes a un majestuoso edificio de varias plantas propiedad de una multinacional de la alimentación, todas ellas ocupadas por oficinas. No sabe hacerse una tortilla de patatas pero es capaz de argumentar a sus compañeros las diferencias entre una pantalla capacitiva y otra resistiva, y eso lo convierte en alguien respetado. Él lo sabe y se aprovecha. Tiene un buen ecosistema donde poder vender sus artilugios, incluso hay cola para hacerse con su última adquisición. Cuando te canses de ese iPhone me lo dices, ¿eh?.
Pero en esta ocasión algo le dice que ese iPad no va a tener novias. Quizás por la crisis, quizás porque nadie de su oficina le tiene pensado un uso concreto. Y así es. Son las nueve de la mañana y llega afeitado pero con ojeras a la cuarta planta de ese gran edificio de cristal donde pájaros y fauna diversa se da de bruces por culpa del reflejo que convierte a la estructura externa en un gigantesco espejo donde se refleja el cielo y las nubes. Buenos días. Lo digo por si a alguien le interesa, estoy pensando en vender mi iPad. Lo escuchan los más cercanos a su mesa pero obtiene la callada por respuesta. Al cabo de un par de minutos de silencio uno de sus compañeros cuelga el teléfono y le dice: Ese iPad nuevo, ya has mojado las sábanas, ¿eh?.
Confirma en ese preciso instante que incluso alguien como su superior, un veterano a tres años de jubilarse, experto en cañas de pescar y conocedor de todas las ofertas de cruceros que hay en el Mediterráneo es capaz ahora también de adivinarle su próxima compra. Es que los de Apple son únicos, piensa reafirmándose una vez más.
Manda un correo a todos sus contactos. Os comunico que si alguien quiere hacerse con un iPad a precio de saldo que sepáis que lo pongo a la venta. Es una buena oportunidad.
A las doce de la mañana y comprobando que la bandeja de entrada no había recibido ninguna respuesta, decide entrar en un foro en el cual se registró hace un tiempo y escribe por primera vez en su vida un mensaje de venta. Moderadamente nervioso y haciendo un repaso mental de dónde tiene la caja y la factura de compra, empieza a redactar el mensaje.
Vendo iPad 64GB 3G libre, impecable, sin roces ni golpes. Comprado en Fnac hace cinco meses, tengo factura y todo lo que viene de serie. Esta noche adjuntaré fotos. Precio, 550 euros, gastos de envío no incluidos.
Viernes, 11 de la mañana. Recibe un correo electrónico que lo avisa de un mensaje privado procedente del foro donde ha puesto a la venta su iPad. Un cosquilleo le recorre la espalda desde el coxis hasta el cogote. En su oficina nadie quiere saber nada de su iPad y empezaba a temer que tendría que comprar el iPad 2 sin haber vendido antes su vetusto iPad. El mensaje en cuestión dice así:
Buenos días. He visto que tiene usted un iPad a la venta. Necesito tenerlo para mañana mismo, así que por favor, páseme sus datos para poder realizar la transferencia. Necesitaría que el envío lo efectuara a través de la empresa de mensajería que yo le especifique, hacen repartos los sábados. Yo avisaría a esa empresa para que pasaran a recoger el paquete hoy mismo donde usted me diga. Evidentemente usted no lo enviaría hasta que viera el dinero ingresado en su cuenta. Quedo a la espera de su respuesta.
Por fin, ¡lo he vendido!. Afanoso, accede vía web a su cuenta bancaria para hacer un copiar y pegar de los 20 dígitos, no sea que al escribirla de memoria y con los nervios algún número baile.
Viernes, 17:00 de la tarde. Recibe un nuevo correo que le invita a revisar su cuenta corriente para ver si el ingreso se ha hecho correctamente. Nervioso y de forma compulsiva mira sus últimos movimientos vía web. +570 euros. Cierra el navegador. En ese mismo correo el comprador le pide que pague los gastos de envío, que por eso le ha ingresado 20 euros de más. Accede sin problemas, le responde que todo es correcto y que ya puede mandar al mensajero, pero que se dé prisa que estará en la oficina hasta las 18:30. Los nervios acumulados durante las últimas horas se convierten en tensión. Ha tenido que ir a su casa deprisa y corriendo a la hora de comer para recoger el iPad. Ha tenido que ir a comprar papel de embalar, le han endosado un rollo de cinco metros, no había de menos. Y ha agotado dos rollos de cinta adhesiva mágica Scotch, el suyo y el de la mesa de al lado. Andrés le responde.
Jaime recibe el correo que le confirma que todo está correcto y el iPad a punto. Ha estado esperando al evento de Apple porque sabe que cuando anuncian algo nuevo los días posteriores aparecen vendedores como setas, ansiosos de quitarse de encima antiguallas que realmente no lo son. En esta ocasión acaba de cerrar un trato por un iPad, de 64GB y 3G. 570 euros, no está mal. Baja del coche que deja a dos calles, coge al crío de tres años y entra en una agencia de una empresa de mensajería en pleno centro de Barcelona. Lo lleva en brazos y al entrar en la oficina todas las miradas de las féminas van dirigidas al mozalbete. Es guapo, teniendo en cuenta el padre, piensa la chica que lo va a atender. El crío aprovecha que es llevado en brazos para estirarle la frondosa barba a Jaime, e intenta quitarle las gafas de pasta. Incluso pretende hacerse con su gorra y ponérsela a pesar de irle 10 tallas grande. Todo esto provoca la risa simpática de las chicas de la agencia.
Pide que pasen a recoger un paquete y que mañana mismo, sábado, él en persona vendrá a recogerlo. Vendrá a portes pagados. Entre risas deja su nombre y apellidos. Se va.
Viernes, 18:12. Un repartidor pide por Andrés. Tiene el paquete a punto. Se lo entrega, paga los gastos. Anda, si el comprador es de Barcelona. Podía haber quedado con él en persona mañana mismo. Bueno, mejor no, que si después no sabe utilizarlo me dará el coñazo.
Sábado, 11:30 de la mañana. Jaime llega a la agencia a recoger el paquete. Efectivamente ahí está, perfectamente envuelto con dos kilos de cinta adhesiva Scotch. Al entrar se encuentra detrás del mostrador a dos de las chicas que ayer mismo, viernes por la tarde, rieron las gracias del crío. Sólo con verle entrar de nuevo una de ellas le planta una sonrisa y va a por el paquete. Se lo entrega. Por favor, firme aquí, ponga hora de entrega y su DNI. Se va.
Lunes, 8:10 de la mañana. Como si de una alineación de planetas de tratara, se dan tres hechos de forma casi simultánea. Pascual es el encargado de vaciar el cajero automático de una oficina de una conocida caja de ahorros. Recoge los sobres que contienen los ingresos en efectivo efectuados desde cajero y va a su mesa a validarlos. Empieza a abrirlos y a confirmarlos hasta que da con un sobre lleno de papeles de periódico recortados. En ese mismo instante, a unas pocas calles de esta oficina, Andrés accede a su cuenta desde el iPhone y ve un movimiento de -570 euros que deja a cero el de viernes. Llama a la oficina de inmediato y le confirman que esos 570 estaban retenidos hasta verificación del sobre de ingreso. Y en un punto del mapa sin especificar, Jaime, Raúl en verdad, se afeita la frondosa barba en el cuarto de baño, con la puerta abierta, mirando de reojo su flamante iPad sobre la cama. Y un portátil, un iPhone y una cámara réflex digital. Y piensa en su sobrino, y en lo guapo y simpático que es.
Mensaje de Todo Pocket PC